La importancia de crear el hábito de despedirnos de nuestros peques

Imagina que estás con tu persona más favorita del mundo y, en un momento que te das la vuelta, ya no está. Se ha esfumado como por arte de magia. ¿Cómo te sentirías?

  • ¿Confundido?
  • ¿Agobiado?
  • ¿Estresado?
  • ¿Ansioso?
  • ¿Asustado?
  • ¿Abandonado?

Nuestros hijos e hijas (sobre todo los menores de 3 años) pasan por todas estas sensaciones, si nos marchamos de su lado sin avisarles ni despedirnos. Desagradable, ¿verdad? Al ir creciendo y al empezar a entender un poco más las cosas, otra sensación que se suma es la de sentirse infravalorados («Yo no importo tanto como para que merezca un ‘hasta luego’.»).

¿Por qué es importante despedirnos de nuestros hijos e hijas ?

Las despedidas forman parte de la vida, por lo que tenemos que integrarlas en nuestra cotidianidad. ¿Cómo hacemos esto? Para empezar, normalizándolas. Aceptando que hay cosas en la vida (y tristemente, también personas) que llegan a su fin para dar lugar a otras vivencias. Por lo que cuanto antes las introduzcamos en nuestro día a día, antes comenzaremos a integrarlas como una parte más de nuestras vidas. Para ello, podemos ir estableciendo pequeñas rutinas de despedida con nuestros peques. Por ejemplo:

  • Cuando mamá o papá se van a trabajar nos damos un beso, nos decimos que nos queremos y que a al volver jugaremos juntos.
  • Cuando nos vamos de casa de los abuelos, les damos las gracias y les abrazamos diciéndoles un «Hasta pronto».
  • Cuando nos vamos del parque, nos despedimos de nuestros amigos diciéndoles «Hasta otro día».

Algo que también podemos hacer cuando son muy pequeños y toca pasar de la hora del juego a la hora del baño, a la cena, etc. Despidiéndonos de los juguetes o inventándonos una canción a la hora de terminar el baño iniciando así su fin, entre otros ejemplos.

Parece muy simple, ¿verdad? Sin embargo, a veces nos cuesta horrores decir adiós cuando nos lo estamos pasando bien o cuando tenemos que separarnos de las personas que más amamos. Ante ese malestar, las madres y los padres solemos entrar en el error de creernos que si les ahorramos esta experiencia desagradable a nuestros bebés, será más fácil y mejor para ellos. Y así buscamos el momento idóneo para «escaparnos» sin ser vistos para que nuestros peques no sufran. Pero, en realidad, lo que ocurre es que somos nosotras y nosotros quienes sufrimos un poco menos porque no les vemos llorar. Evitamos su frustración porque no soportamos la nuestra. Y lo que les ahorramos es un aprendizaje de vida fundamental: aceptar y poner fin cuando toca: en el juego, en el ocio, en las tareas,…

Y cuando lo que toca es separarnos de nuestro cuidador principal:

Las despedidas son las grandes aliadas para crear una relación de confianza con nuestros peques.

Salgamos de las creencias erróneas aprendidas de que «si no me ve marchar, sufre menos». Nuestros peques no son simples objetos que trasladar de un lado a otro. Son personas que han llegado hace poquito a nuestro mundo y todavía están aprendiendo a vivir en él. Seamos sus guías desde la paciencia, el respeto mutuo y el amor incondicional.

Ahora que llega septiembre, acompañemos a nuestros hijos e hijas en su vuelta (o comienzo) a la escuela desde la consciencia, la coherencia, la empatía y la responsabilidad. Las mamás y los papás somos sus principales fuentes de cuidado y afecto. Respetemos su ritmo de adaptación y también el nuestro. Más todavía si es nuestra primera vez. Pues no sólo nuestros hijos e hijas se separan de nosotros. También nosotros vivimos una separación de ellos como madres y padres. Abrámonos a las nuevas emociones que nos vengan. Parémonos ante cómo la separación nos hace sentir y trabajemos nuestro malestar para que no volquemos nuestras propias emociones en nuestros hijos. Sólo cuando atendemos nuestras propias necesidades, podemos atender las necesidades de nuestros hijos y de nuestras hijas con serenidad y calma.

¿Cómo podemos despedirnos de nuestros peques en la entrada de la escuela?

Aquí te dejo una serie de herramientas para que te ayuden en este proceso:

  • Despídete sin prisas pero sin pausa. No alargues demasiado las despedidas para no prolongar ese mal rato que tu peque puede estar pasando y tampoco lo «sueltes» en segundos para irte corriendo.
  • Despídete con un beso, un abrazo o unas palabras de cariño ( o todo junto). Muéstrale tu amor para que se sienta querido, muy importante a la hora de separarnos.
  • Haz uso de frases tranquilizadoras. Por ejemplo: «Ahora XXX te va a cuidar.» o «Después de tu merienda vendré a por ti y nos iremos al parque.». De este modo te anticipas y le transmites calma y confianza. Además, es buena opción que los niños y las niñas sepan qué vais a hacer después: ir al columpio que tanto les gusta, jugar con su juguete favorito, etc. Cuando son muy pequeños aún no tienen noción del tiempo. Por lo que para ellos es una eternidad esperando ese «más tarde o luego» para que les recojas. Sé conciso y utiliza momentos concretos que puedan identificar fácilmente cuando te despidas («vendré a por ti cuando te levantes de la siesta, después de comer», etc.)
  • Ten a mano un «kit de despedida«. Un objeto de apego, o si es mayor de dos años, también unas pegatinas, un sello o un dibujo para poner en la mano de cada uno. Y así, si te echa de menos, lo mire y acaricie.
  • Cread juntos un ritual de despedida. Puedes emplear los ejemplos que te propongo arriba y también inventándoos una canción. O la noche anterior haciendo uso de cuentos sobre el cole. Es importante que los involucremos desde pequeños (adaptándonos a su ritmo de aprendizaje) tanto en la preparación del material como en la creación de las rutinas porque así se sienten tenidos en cuenta.
  • Deja que tu peque también se despida de ti. Permítele que exprese su cariño hacia ti. Con ello le enseñas que sus sentimientos sí importan.

¿Esto significa que no llorarán al entrar en la guardería o en el colegio? No, pero sí les permite que vayan más tranquilos y seguros para que, con el tiempo, entren con más confianza.

Las mamás somos la principal figura de apego en los primeros meses de vida de nuestros bebés. De hecho, hasta los nueves meses creen que somos una sola persona y se aferran a nosotras como si de vida o muerte se tratara. Son los menores de dos años, aproximadamente, quienes más sufren ansiedad a la hora de separarse. Algo que es absolutamente normal y hasta bueno para su desarrollo: pues nos indica que hay un apego seguro establecido. No obstante, si se prolonga mucho en el tiempo, convendría comentarlo con un profesional para buscar técnicas que reduzcan su angustia.

Establecer un vínculo sano con nuestros hijos e hijas es primordial en sus primeros años de infancia. Esto les dará seguridad cuando crezcan y a la hora de relacionarse con los demás, pues les permitirá crear unas relaciones sanas. Hasta entonces, como madres y padres, somos su pilar de estabilidad y confianza. De modo que, aunque no entiendan mucho cuando les hablamos, nuestro lenguaje corporal les transmite más de lo que podamos pensar. Por lo tanto, es fundamental permanecer tranquilos y cuidar nuestro tono de voz a la hora de dirigirnos hacia ellos. Y también a la hora de separarnos. Despídete de tus peques siempre. Por muy pequeños que sean. Aunque no les angustie la separación, no significa que no les importe. Cuidad vuestra relación desde el momento cero.

Las despedidas les facilitan a nuestros hijos e hijas que vayan comprendiendo que volveremos, y la forma de hacerlo les permite saber cuándo lo haremos.

Y esto es fundamental para su desarrollo. Si no nos despedimos, les enseñamos que su base de estabilidad y confianza puede desaparecer (así, como por arte de magia; como cuando se dan la vuelta y al volver, ya no estamos). Y éste es uno de los principales problemas de autoestima con los que nos solemos encontrar de adultos: la inseguridad y la falta de confianza (en los demás y en nosotros mismos).

Por tanto, despídete siempre de tu hijo/a cuando os tengáis que separar. Sea en la entrada de la escuela, si tienes que salir de casa o si le dejas con los abuelos o con otra persona para que lo cuide. Y, ante todo, porque le quieres y te quiere. Para tu peque, tú eres su mundo entero. Y a nadie le gustaría que la persona a quien más ama se vaya sin decir adiós.

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