“Voy a decirte algo: los pensamientos nunca son honestos. Las emociones, sí.”

Quiero compartir con vosotros/as esta frase que me gusta mucho e invitaros con ella a la reflexión sobre todo lo que nos viene a decir: “Los pensamientos nunca son honestos, las emociones, sí.”

“No os creáis tanto todo lo que penséis.”

Como leí o escuché en alguna parte, “no os creáis tanto todo lo que penséis”. Y es que, a veces, nos invaden pensamientos que nos impiden avanzar, como:

  • No puedo”
  • “No soy tan bueno/a como…”
  • “No valgo para esto”
  • “Nunca me sale nada bien”

Estos pensamientos negativos, lejos de situarnos en nuestra realidad, nos paralizan y bloquean. Nos envuelven en miedos e inseguridades y nos impiden perseguir nuestros objetivos.

Se trata de creencias limitantes y desalentadoras que tomamos como ciertas, aunque puede que no lo sean, y que repercuten enormemente en nuestra vida. Creencias que en ocasiones también trasladamos a nuestrxs hijxs, limitándoles a moverse dentro de los parámetros de nuestras palabras juiciosas:

  • “No puedes”
  • “No eres tan bueno/a cómo…”
  • “No vales para esto”
  • “Nunca te sale nada bien”

Es importante detectarlos y descubrir de dónde nos vienen para así desecharlos y liberarnos de su fuerza limitante que nos aleja de quienes realmente somos, de lo que nos hace vibrar y de nuestros potenciales. Distanciándonos también de la singularidad de nuestrxs hijxs y de sus capacidades, condicionando su desarrollo.

Dejarnos llevar más por lo que sentimos nos llevará mucho más lejos, hasta nuestro propio Ser. Y es ahí donde surgirá la magia.

Conocer quienes somos en el fondo, descubrir qué es lo que nos apasiona, cuáles son nuestros talentos y permanecer en contacto constante con nuestro “motor de vida” nos impulsará a dar los pasos necesarios hacia aquello que deseamos. Acallando las voces negativas de nuestra mente. Desapegándonos también de las que limitaban nuestra infancia.

Para ello, tenemos que silenciar los pensamientos de nuestra cabeza y dejarnos llevar por lo que las emociones nos despiertan. Seguir el camino que nos muestran y (auto)descubrirnos en él. Y no creernos tanto todo lo que pensamos. Porque, como ya nos adelantó el gran Albert Camus, “los pensamientos nunca son honestos, las emociones, sí.”

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